Escribir para nadie
Sobre la incomodidad de querer ser leído y no serlo
Escribo porque me gusta escribir. Durante algún tiempo, aunque fuese para mierdas de marketing, incluso me he ganado la vida con ello. Creo que no lo hago mal de todo. No soy brillante, pero se juntar frases y, a veces, soy capaz de encadenar ideas. Mejores, peores, pésimas. En realidad da un poco igual, el caso es que me gusta un poco esto. De un tiempo a esta parte (desde que he empezado el blog, creo) he estado dándole vueltas a lo incómodo que es, lo cansado y lo tonto que puede parecer desde fuera, escribir y no ser leído. Es lo que me pasa. Nadie, o muy pocos, van a leer esto. Es una realidad.
Escribo para mi. Sí, en parte es verdad, pero hay algo incómodo en escribir y no ser leído. A veces en un sentido romántico, pero muchas otras de forma más literal: publicar algo, esperar un poco (o un mucho) y ver que apenas ha llegado a nadie. O peor, que cada vez ha ido llegando a menos gente que el post anterior. Me pasa un poco lo mismo con los vídeos que he ido publicando. Me digo que es que me gusta hacerlo, pero también quiero que alguien los vea.
Escribir me ayuda a ordenar mis ideas porque hay cosas que solo soy capaz de entender cuando las pongo en el papel. Y eso es verdad. Pero no toda la verdad. Si lo fuera, el silencio no pesaría tanto. Y pesa. No siempre, no de forma constante, pero aparece. Justo en ese momento en el que miras justo después de publicar, un día, una semana, un mes. Y las visitas que has recibido son pocas o, a veces, ninguna. Hacia fuera sigo diciendo que no es importante, que escribir me arregla un poco la cabeza y con eso me debería bastar. ¿Me estoy engañando a mi mismo? Puede ser.
Esta pequeña decepción de que no ha pasado nada, ese pensamiento que se cuela casi sin hacer ruido: igual es que esto no le importa a nadie. Y probablemente sea verdad. He intentado encajarlo todo dentro de un discurso cómodo, decirme que escribir es suficiente, que el valor está en el proceso y que todo lo demás es secundario. Sin embargo, cada vez me cuesta más sostenerlo sin matizar, porque en el fondo hay algo de ego. No uno grandilocuente, no una sensación de que tenga algo especialmente importante que decir ni de que escriba particularmente bien. Me defiendo, pero no soy bueno. Así que no va por ahí la cosa. Es algo más pequeño y más complicado de admitir: hay una parte de mi que que quiere que la escuchen.
Quiero decir, hay algo dentro de mi que lo único que quiere es que lo que escribe le llegue a alguien, que lo lean, que lo piensen y, quizás, se reconozcan un poco en alguna de las ideas que trabajo. Creo que no es por necesitar validación, al menos, no en un sentido superficial, sino por la sensación de que lo que saco hacia fuera no se queda flotando en el vacío. Quiero sentir que hay un otro, pero cuando no aparece o aparece cada vez menos, algo se resiente.
Esto es incómodo, también algo frustrante. Una mezcla de sentimientos que conviven incómodamente con todo lo demás: el disfrute de escribir, la curiosidad, la necesidad de entender mejor las cosas. No lo acaba de sustituir, por suerte, pero si que lo acompaña y a veces lo contamina. Y corro el riesgo que deje de ser solo escribir y se convierta también en esperar, en medir y en intentar entender por qué algo funciona o no. En preguntarme si debería cambiar algo, aunque no tenga claro lo qué.
En este punto la cosa de vuelve rara. Empiezas a negociar contigo mismo, a ajustar el tono, el tema, la forma…No es algo que hagas de forma consciente, pero, poco a poco, va pasando. Y entonces aparece otra duda: cuánto de lo que escribo es lo que quiero hacer y cuando está influido por la necesidad de que haya alguien al otro lado.
No tengo una respuesta limpia para eso. Pero sí creo que negar esa parte no ayuda. Fingir que uno escribe completamente al margen de ser leído suena bien, pero en cuanto publicas, deja de ser del todo cierto porque el mero hecho de publicar algo es, en sí mismo, un gesto hacia fuera. Por eso quizás la clave no es eliminar el ego, sino entenderlo. Saber que está ahí y que a veces empuja y a veces pesa, pero que no necesariamente invalida todo lo demás.
Querer que te escuchen no te convierte en alguien vacío, pero tampoco es algo neutro y por eso escribir, creo, es una mezcla incómoda de cosas. Crear en general lo es. De necesidad interna y de exposición externa, de disfrute y de expectativa. De algo que a lo mejor vas a hacer igual, pero que no es exactamente igual si supieras de antemano que nadie va a leerlo. A lo mejor el punto está en no mentirse demasiado sobre esto y en aceptar que sí, que hay una parte de ti que quiere que su voz sea relativamente relevante y aunque no lo sea, seguir escribiendo.



Bastante identificado con tu escrito. Reconforta ver que esas inseguridades que hay detrás de crear no solo residen en mi cabeza, sino en las de todo aquel que se embarca en la misma aventura.
No nos queda otra que seguir esforzándonos, que no quede ni una idea sin plasmar🙌🏻